Boletín núm. 7 - Septiembre 1998

EDITORIAL
Dr. Santiago Dexeus

La realidad de la Colposcopia

Hace aproximadamente 25 años, cuando La colposcopia adquirió una notable difusión en nuestro país, cualquier curso sobre aquella técnica, tenía asegurado el éxito de público.En la actualidad no puede afirmarse lo mismo, y solamente en aquellas latitudes en la que la patología cervical es ejercida por diferentes especialistas, tales como el citopatólogo-colposcopista o el ginecólogo-colposcopísta, los cursos de formación continuada en colposcopia, obtienen numerosos alumnos.

En un arlículo de Toglia et al. (1997), se analizaba el nivel de conocimientos colposcópicos que un residente norteamericano, adquiría a lo largo de su formación ginecológica. El % de acierto colposcópico, oscilaba alrededor del 31%, independientemente del año de residencia. Este hecho, evidencia simplemente la falta de un programa estructurado.Pero es posible que los propios responsables de la enseñanza del residente, no vean en la colposcopía nada mas que un “juguete” para unos pocos. que ha sido superado por la citología. En cualquier caso el resultado es el mismo: el abandono de la colposcopía en manos de unos expertos.

Los cursos de formación continuada, sobre patología y diagnóstico del tracto genital inferior, constituyen una fuente de aprendizaje que sería inestimable, si estuvieran controlados por organismos competentes que en el caso que nos ocupa, no sería otra que la propia Asociación Española de Patología Cervical y Colposcopia.

En el programa que la Comisión Nacional de Obstetricia y Ginecología ha presentado para el reconocimiento de la subespecialidad en ginecología oncológica, se otorga gran importancia al tracto genital inferior y evidentemente a la colposcopia.

Si tenemos en cuenta que determinadas áreas de la ginecología y obstetricia se pretende sean absorbidas por otras especialidades, como ocurre en los centros de Asistencia primaria, en los que el médico de familia, va a convertirse en el actor principal del diagnóstico precoz, del tratamiento de la menopausia, y del control del embarazo, es lógico que propugnemos que cada uno de aquellos centros cuenten con un ginecólogo de apoyo. El sería el responsable de la toma biópsica, guiada por el colposcopio.

No deberíamos aceptar que el ginecólogo quede limitado a leer un informe ecográfico o a tratar las infecciones banales del tracto genital inferior... Reivindicando el valor de la colposcopía, damos un protagonismo al ginecólogo que nunca debería perder. La ginecología no consiste en proceder a una escision con asa diatérmíca ante cualquier citología anormal, sino en conocer los matices del diagnóstico de la patología del tracto genital inlerior y de saber valorar los hallazgos colposcópícos en el contexto de un diagnóstico integrado de aquella.

La AEPCC puede jugar un importante papel en un futuro Cercano:

  • Estableciendo un programa estructurado para el aprendizaje de la colposcopia durante la residencia.
  • Controlando y acreditando aquellos cursos de formación continuada que lo merezcan.
  • Estableciendo los mínimos y el control de calidad necesarios, para acreditar una sección colposcópica.
  • Informando a los planificadores sanitarios de la necesidad de que los ginecólogos de apoyo, (si llegan a constituirse!), tengan una completa formacion en patología del TGI.

Ya sé que todo lo anterior puede parecer muy voluntarioso, pero estoy seguro que el futuro de la ginecología y concretamente el diagnóstico y tratamiento de la patología del TGI, no consiste en la pérdida de calidad en aras a unas necesidades asistenciales, sino todo lo contrario, es decir en la armonización de todos los recursos del saber, para bien de las pacientes.

Prof Santiago Dexeus
Presidente Electo de la IFCPC

 
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