No creo ser yo la persona más adecuada para glosar la memoria de Luciano.
Cierto que compartimos sesiones en la Junta Directiva de la Sociedad Española de Citología durante doce años y coincidimos en tantos y tantos cursos. Pero ya todo se ha dicho y de todos es conocida su labor profesional y docente tanto en el Instituto Dexeus como en la Sociedad Española de Senología, Sociedad Catalana de Citología y un largo camino que recorre desde sus publicaciones hasta sus labores organizativas y gerenciales.
Todo suena a obligadamente formal a posteriori, pero todo es cierto de manera superlativa. Luciano nos enseñó con muy pocas palabras y silenciosas sonrisas. Sólo en una ocasión lo ví airado responder a una primera figura de la citología internacional, que no merece ser citado, cuando afirmaba que nuestra citología rondaba un intolerable porcentaje de falsos diagnósticos. Ahí fue su buen criterio el que lo levantó escandalizado de su asiento para aconsejarle que se reciclara y documentara mejor.
He leído y escuchado todos los calificativos posibles a la persona excepcional que fue Luciano Lopez Marín. Desde sencillo y humilde hasta trabajador exigente, honrado y constantemente inquieto por temas sociales, políticos y profesionales.
Luciano lo amó todo. Y todo incluye todo su entorno, desde su familia, sus compañeros, hasta su mimado limonero. Lo amó todo sin ruido, con bigote y sin bigote. Lo amó todo con su Ducados en una mano y su Mascaró en la otra.
Los que hemos tenido la fortuna de compartir con él, de aprender de él y de llorar su ausencia podemos añadir definiendolo, sin temor, lo que dijo el escritor mexicano Alfonso Reyes del padre del también escritor mexicano Carlos Fuentes:
ERA UN HOMBRE ESENCIAL, SIN ESPUMA.
Luciano, amigo, gracias y hasta siempre. |