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AEPCC
 

 

 
 

 
Desvelando lo Invisible: La Salud de las Mujeres desde la Perspectiva de Género
 
  Teófila Martínez Sáiz
  Alcalde del Excmo. Ayuntamiento de Cádiz
 
 
 
Resumen:
 

En el curso de la historia de la humanidad, desde la ciencia, la psicología, el derecho, la religión, la moral o las costumbres, se ha intentado definir qué es ser mujer, identificar cuáles son sus conductas, sus realizaciones, sus derechos y deberes.

La socialización de las personas se basaba en valores tradicionalmente dimórficos atribuidos a los dos sexos, pero en los que se superponía un discurso androcéntrico que concedía mayor relevancia y consideración social a los valores masculinos que a los femeninos, jerarquizando así las relaciones entre sexos.

Este discurso androcéntrico determinaba los esquemas de interpretación y conocimiento y orientaba las conductas sociales, relegando a las mujeres a un papel secundario, excluyéndolas de los órganos de poder y decisión y confinándolas a una invisibilidad  que determinaba todos los aspectos de su vida, incluida la salud.

Hicieron falta muchos siglos, y dos sangrientas guerras mundiales que trágicamente acabaron con la invisibilidad de las mujeres en la sociedad, para que se reconociera, de manera institucional, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

El 24 de octubre de 1945, cincuenta y un países decidieron unirse para preservar la paz mediante la cooperación internacional y la seguridad colectiva en la Organización de las Naciones Unidas.

En el Preámbulo de la Carta Fundacional de la ONU aparece su preocupación por establecer la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. En él se afirma que los pueblos de las Naciones Unidas están resueltos a:“preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles, a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas, a crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional, a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad.”

De éstos, sólo treinta permitían que las mujeres tuvieran los mismos derechos de voto que los hombres o les permitían ocupar cargos públicos. España fue admitida en 1955.

Hasta entonces, ningún documento jurídico internacional había afirmado con tanta energía la igualdad de todos los seres humanos, ni se había referido al sexo como motivo de discriminación.

Desde esa fecha, los trabajos de las Naciones Unidas se concentraron en la codificación de los derechos jurídicos y civiles de las mujeres, y en la reunión de datos sobre la condición jurídica y social de las mujeres en todo el mundo.

A partir del año 1975, declarado como Año Internacional de la Mujer, se decidió trabajar para hacer efectivos esos derechos y garantizar el cumplimiento de los compromisos adoptados. Desde entonces, cada cinco años, el instrumento elegido para elaborar planes y estrategias para avanzar en la igualdad han sido las Conferencias Internacionales de la Mujer, agrupadas con el lema: “Igualdad, Desarrollo y Paz”.

La IV Conferencia Internacional de la Mujer, celebrada en Beijing en el año 1995, marcó un hito en la lucha por los derechos de las mujeres. Las representantes de 189 gobiernos aprobaron por unanimidad la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing,  encaminada a eliminar los obstáculos a la participación de las mujeres en todas las esferas de la vida pública y privada.

En las 12 esferas decisivas de especial preocupación de la Plataforma de Acción, destaca el apartado dedicado a la salud, en el que se afirma,  siguiendo las indicaciones de la OMS, que:

“La mujer tiene derecho a disfrutar del más alto nivel posible de salud física y mental.  El disfrute de ese derecho es esencial para su vida y su bienestar y para su capacidad de participar en todas las esferas de la vida pública y privada. La salud no es sólo la ausencia de enfermedades o dolencias, sino un estado de pleno bienestar físico, mental y social.  Contribuyen a determinar su salud tanto factores biológicos como el contexto social, político y económico en que vive.

Ahora bien, la mayoría de las mujeres no goza de salud ni de bienestar. El principal obstáculo que impide a la mujer alcanzar el más alto nivel posible de salud es la desigualdad entre la mujer y el hombre y entre mujeres en diferentes regiones geográficas, clases sociales y grupos indígenas y étnicos.”

En España, es a partir de la década de los setenta cuando la lucha de las mujeres por sus derechos encuentra respuesta en las instituciones, y el derecho a la salud es uno de ellos. En 1984 se celebran las Primeras Jornadas sobre Mujer y Salud. A partir de entonces, y con más intensidad en los años noventa, los y las profesionales de la medicina han empezado a integrar la perspectiva de género en la investigación y la práctica clínica.

Hablar de perspectiva de género en salud significa tomar en consideración esta categoría de modo que se analicen cómo las diferencias, tanto biológicas como las procedentes del medio social, entre mujeres y hombres, se convierten en desigualdades.

La aplicación de la perspectiva de género persigue alcanzar la equidad en salud, de manera que la persona sea tratada de una manera integral, teniendo en cuenta su biología, su subjetividad, el contexto en el que se encuentra y la interacción entre todos estos aspectos.

Hablar de perspectiva de género significa también acabar con la invisibilidad de las mujeres en materias relacionadas con la salud.

Hasta bien entrado el siglo XX, mujeres de toda edad y condición vivían un alejamiento sistemático de sus cuerpos y sus vivencias. La medicina, dominada por el androcentrismo que presidía las instituciones y la sociedad, no entendía ni los síntomas ni los malestares de las mujeres y éstas además estaban sometidas a una ancestral cultura del sufrimiento que confinaba a nuestras abuelas y madres a la sumisión a un destino fatal, que las obligaba a vivir con resignación las molestias y el dolor considerados entonces como “cosas de mujeres”.  

Afortunadamente, la ginecología y la obstetricia han sido de las especialidades médicas que antes han comprendido la necesidad integrar la perspectiva de género en su trabajo diario.

Su evolución ha caminado pareja a la del proceso de emancipación femenina. Con el reconocimiento de sus derechos, las mujeres empezaron a conocer y a reconocer sus cuerpos y a eliminar, con ese conocimiento, el prejuicio secular que asociaba lo genital femenino a algo sucio, problemático y proclive a enfermar y que estaba en la base de gran parte de los tabúes, los miedos y las reservas ante su propia sexualidad, la maternidad y las enfermedades ginecológicas.

Y en este proceso las mujeres han estado acompañadas por los y las profesionales dedicados a su salud, que han ido evolucionando a la vez que sus pacientes, esforzándose en conocerlas, comprenderlas y ayudarlas. 

Podríamos hablar, incluso, de un proceso de reconocimiento, de reencuentro y de reconciliación entre paciente y profesional, que ha desembocado en la situación actual, en la que el ginecólogo se ha convertido, en muchas ocasiones, en la persona depositaria de las confidencias íntimas de sus pacientes, que acuden a la consulta no sólo para hablar de sus problemas físicos, sino también, y en un alto porcentaje, de sus miedos y angustias.

Porque, como ustedes bien conocen, un buen número de las angustias, de los conflictos, del malestar de las mujeres tiene su origen en problemas sexuales, en su temor a una maternidad no deseada o su frustración ante la maternidad que no llega, en la menopausia, en el miedo a contraer una enfermedad de transmisión sexual o a algún tipo de cáncer.

La ginecología y la obstetricia han sido las encargadas de convencer a las mujeres de que, como se afirmaba en la Plataforma de Beijing: su salud no es sólo la ausencia de enfermedades o dolencias, sino un estado de pleno bienestar físico, mental y social y que la responsabilidad de este estado pleno de bienestar reside tanto en los profesionales como en las pacientes, porque de ellas depende, de su autocuidado, de la prevención y de su manera de vivir y entender la vida, que puedan disfrutar de una vida sexual y reproductiva más saludable.

Este proceso, que ha contribuido decisivamente en la percepción social de las enfermedades de las mujeres, ha sido determinante también a la hora de sensibilizar a las propias mujeres, y a la población en general, sobre la necesidad de establecer campañas de prevención e información sobre este tipo de dolencias, para que dejen de ser invisibles y vergonzantes y se conviertan en asuntos de interés general, con el fin de que las mujeres puedan conocer cuáles son las medidas de protección relativas a su salud sexual y reproductiva.

En el Ayuntamiento de Cádiz trabajamos desde la premisa de que conseguir el bienestar de los gaditanos y gaditanas pasa indefectiblemente por garantizar la calidad de la asistencia y atención sanitarias. Para ello, y en la medida de nuestras posibilidades, desde el Ayuntamiento de Cádiz trabajamos con todas las personas y colectivos directamente implicados en estos temas, como es el caso de los colegios profesionales sanitarios, la Universidad y las asociaciones que agrupan a personas enfermas y sus familiares.

En la ciudad de Cádiz, el organismo municipal encargado de la promoción de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres es la Fundación Municipal de la Mujer, integrado en el Área de Familia del Excmo. Ayuntamiento de Cádiz.

Fue creada a principios de 1999 para la gestión directa y/o coordinación de las actuaciones de toda índole relativas al sector de la mujer que lleve a cabo el Excmo. Ayuntamiento de Cádiz.

La Fundación Municipal de la Mujer desarrolla diariamente, en su sede del Centro Integral de la Mujer, distintas acciones y programas destinados a eliminar los obstáculos que se interponen en el avance de las mujeres de la ciudad de Cádiz, haciendo especial hincapié en la necesaria autonomía de las mujeres, a través de la formación y el empleo.

Se trata también de visibilizar su situación, sus necesidades y problemas y sensibilizar a la sociedad gaditana sobre la necesidad de eliminar las prácticas sociales y las costumbres que perpetúan las discriminaciones y que necesariamente repercuten en la vulnerabilidad de las mujeres.

Una vulnerabilidad aún más evidente en el caso de la salud, ya que estas discriminaciones se manifiestan en aspectos tales como: el desigual reparto de tareas familiares, el cuidado de personas enfermas o discapacitadas, la doble jornada laboral y el estrés, la discriminación en el mercado laboral o las consecuencias de graves problemas sociales como la violencia de género, la marginación y la drogodependencia.

En las mujeres del siglo XXI, superados ya los obstáculos y las dificultades que limitaban la vida de sus madres y abuelas, siguen manteniéndose casi inalterables los roles de cuidadora y responsable casi en exclusiva del bienestar familiar.

Rodeadas de personas que dependen de sus cuidados, las mujeres olvidan o relegan sus vidas priorizando en ellas las necesidades de las personas a su cargo, con el riesgo que supone para su salud descuidar aspectos tales como la dieta, el ejercicio físico o el bienestar emocional.

Desde esta perspectiva, la Fundación Municipal de la Mujer trabaja desde una óptica integradora, acudiendo a los y las investigadores de la Universidad de Cádiz y los colegios profesionales sanitarios, a la hora de intervenir en temas prioritarios relacionados con la salud de las mujeres, destinados a mejorar el conocimiento para la acción.

En estos años la Fundación Municipal de la Mujer ha emprendido campañas y programas destinados a:

  • Informar sobre los cambios biopsicosociales y necesidades de la salud de las mujeres durante su ciclo biológico.
  • Contribuir a la mejora de la salud mental y física de las mujeres de edad avanzada con programas de información y prevención de sus afecciones más comunes.
  • Divulgar las características y el tratamiento de las afecciones que comportan una mayor tasa de mortalidad para las mujeres.
  • Diseñar y ejecutar, en colaboración con las propias mujeres y las organizaciones locales, programas y actividades de ocio y deporte para la promoción de la salud con perspectiva de género.
  • Apoyar las mujeres para el desarrollo de su autoestima, la toma de decisiones sobre su propia salud y la de sus familias.
  • Promover campañas de sensibilización e información para una sexualidad responsable desde la perspectiva de género y para la prevención de embarazos adolescentes.
  • Diseñar campañas divulgativas de hábitos saludables en la alimentación y para prevención de los trastornos en la conducta alimentaria. 
  • Concienciar a la sociedad sobre la importancia de analizar la salud desde una perspectiva de género, mediante actividades que se desarrollan tomando como referencia la celebración del 28 de mayo Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres.

En este contexto, en el año 2002 la Fundación Municipal de la Mujer del Excmo. Ayuntamiento de Cádiz inició con la Cátedra de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Cádiz los primeros pasos para la creación del Aula de la Salud Total de la Mujer.


El Aula de la Salud Total de la Mujer se creó con el objetivo de ofrecer un foro, un punto de encuentro, un centro de interés donde las mujeres de Cádiz se formen e informen sobre el amplio espectro de aspectos sanitarios que las pueden influir a lo largo de su vida.


A través de conferencias y charlas divulgativas, las mujeres gaditanas han ido conociendo las características de las enfermedades, los avances en la investigación y las buenas prácticas en la prevención y durante el tratamiento de las distintas afecciones que pueden sufrir durante su ciclo biológico, desde las características de la menopausia a los últimos avances respecto a las vacunas contra el virus del papiloma humano (VPH).


Y todo ello ha sido posible gracias al interés y dedicación de la Cátedra de Obstetricia y Ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cádiz., encabezada por su Catedrático, D. Rafael Comino Delgado y su equipo, siempre a disposición de la Fundación Municipal de la Mujer del Excmo. Ayuntamiento de Cádiz para colaborar en estas iniciativas destinadas a la mejora de la salud de las mujeres gaditanas.


Por todo ello, y porque compartimos con todos ustedes el interés en garantizar una atención médica de calidad, es una satisfacción la celebración en nuestra ciudad de un Congreso como el que hoy inauguramos, la vigésimoprimera edición del Congreso Nacional de la Asociación Española de Patología Cervical y Colposcopia.

Congresos como éste nos ayudan a acabar con los últimos restos de la invisibilidad de las mujeres en los aspectos relacionados con su salud y nos obligan, a personas e instituciones, a un compromiso político firme para la puesta en marcha y el desarrollo de programas y acciones que eliminen las barreras socioeconómicas y los prejuicios que aún se interponen a la hora de que las mujeres puedan ejercer sus derechos, intervenir y proteger su salud sexual y reproductiva.

No quisiera terminar esta intervención sin invitarles a conocer nuestra ciudad, a disfrutar de la ya legendaria hospitalidad gaditana, del rico patrimonio monumental de la ciudad trimilenaria, de una oferta gastronómica que une el respeto por la tradición con la apuesta por la modernidad, de la calidad de sus playas y del siempre sorprendente paseo por sus calles y plazas, donde verdaderamente se conoce el pulso de la ciudad y sus habitantes, para descubrir en ellas las coplas del carnaval, las voces del flamenco y los ecos americanos.

Un mundo por descubrir a muy pocos pasos de este Palacio de Congresos, edificio que fue privilegiado testigo del avance de las mujeres gaditanas en la conquista de sus derechos, antigua sede de la Fábrica de Tabacos. Sus trabajadoras, las cigarreras, alejadas del tópico retrato de Merimée, fueron las primeras gaditanas en luchar por sus derechos y su libertad.   

Y por último, recordarles que la ciudad que les acoge se encuentra en estos momentos inmersa en un proceso de modernización sin precedentes, con vistas a la conmemoración del bicentenario de la Constitución Española de 1812, y bueno es también recordar que, aunque no pudieran dedicar muchos de sus esfuerzos a estos temas, los políticos constituyentes de 1812 (entre los que se encontraban algunos médicos) ya entonces, como ahora ustedes, se preocuparon por mejorar algunos aspectos relativos a la sanidad y la salubridad públicas gaditanas. 

Con este recuerdo termino, reiterando la satisfacción de esta ciudad en seguir participando, como hace dos siglos, en la mejora de la calidad de la medicina española, de la mano ahora de profesionales como los que hoy ha congregado la Sociedad Española de Patología Cervical y Colposcopia, a la que sinceramente felicito por la calidad e interés de este Vigésimoprimer Congreso Nacional.